n la antesala de un nuevo aniversario de su sobriedad, Luis Eduardo —miembro en recuperación de Alcohólicos Anónimos— compartió su testimonio de vida.
Oriundo de Termas de Río Hondo y radicado desde hace años en La Banda, Luis recuerda que su relación con el alcohol no estaba determinada por la cantidad que bebía, sino por el efecto devastador que le provocaba. «No era cuánto tomaba, sino lo que el alcohol hacía en mí. Me afectaba mentalmente y enfermaba a toda mi familia», expresó.
Durante mucho tiempo no supo que padecía una enfermedad. Hoy la define como «lenta, progresiva y fatal», que no solo lo llevó a la soledad y la desesperación, sino también a estar «lejos de la vida y muy cerca de la muerte».
El mensaje que cambió su destino
La madrugada del 15 de febrero de 1995 marcó un antes y un después. En medio del frío y la angustia, leyó en un medio gráfico un mensaje que lo impactó profundamente:
«¿Quieres seguir bebiendo? Es asunto tuyo. ¿Quieres dejar de beber? Es asunto nuestro. Alcohólicos Anónimos».
La invitación anunciaba el 23° aniversario del Grupo Shalo en la Biblioteca Alberdi de La Banda. Luis decidió asistir al día siguiente. Antes de dirigirse a la reunión, tomó lo que sería su última copa.
«Iba con vergüenza, mal vestido, con olor a alcohol. Pero entré», recuerda. Durante la reunión escuchó el testimonio de un compañero cuya historia era un reflejo de su propia vida. En ese instante comprendió que no estaba solo y que había una salida.
Un despertar espiritual
Luis asegura que ese camino no solo le devolvió la sobriedad, sino también la fe y la espiritualidad. Recuerda que mientras caminaba hacia la biblioteca, sintió que alguien lo acompañaba. «Me di cuenta de que Dios caminaba a mi lado, impulsándome a llegar a esa reunión», contó emocionado.
Hoy Alcohólicos Anónimos celebra su 54º aniversario en la ciudad de La Banda y lo hará con una reunión abierta en el Gimnasio Municipal a partir de las 19.45 con invitados especiales.
